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Maxinne R. Wallace

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Maxinne R. Wallace

Mensaje por Maxinne R. Wallace el Sáb Jun 25, 2011 7:31 am





Nombre completo:
Maxinne Rose Wallace

Edad:
24 inviernos

Nacionalidad:
Estadounidense de los pies a la cabeza; nació en la mayor ciudad del estado tejano, Houston, de madre autóctona y padre venido desde Canadá.

Grupo:
Humano

Ocupación:
Sabe que no es la más indicada para dar consejos sobre asuntos del corazón, pero su trabajo consiste precisamente en eso; bajo el pseudónimo de Miss Independiente (al menos el mote le va al pego) da consejos a parejas en crisis en su columna de una conocida revista neoyorquina. Todo cómodamente desde su portátil. Esto le deja tiempo para ir escribiendo su futuro betseller, ya lo veréis.

Orientación sexual:
Heterosexual sin ninguna duda. Qué ironía, con la alergia que le tiene a la mayoría de los tíos...



Descripción Psicológica:

Sentirse sola en el mundo es la peor sensación que puedes tener, creedme, y en esa situación se encuentra Maxinne. Tiene la certeza de que nadie se ha acercado a ella lo suficiente como para decir que la conoce, que no sabe al cine por cien quién es... y no tenerla tampoco por sí misma. Y encontrarse un día siendo una extraña incluso para una misma la hace encontrarte todavía más sola. Más, si cabe. ¿Qué más da sentirse rodeada por multitudes de gente cuando éstas no te echan ni una simple mirada? ¿Qué importa que hablen si no perteneces a ninguna conversación? Si al menos sus seres queridos... bah, qué más da. Lo que tiene Ella no pueden ser llamados seres queridos; una hermana menor que has protegido durante toda su vida y ahora se aleja cada vez más sin dar ni las gracias, un esperpento al cual obligaron a llamar "mama" desde niña, un novio que la deja tirada justo cuando más lo necesitaba... vaya cuadro, ¿verdad? Normal que se sienta así.

En su mirada se refleja todo eso bajo una película de fragilidad, revestida por falsa seguridad para dar una falsa impresión. Es más, se corresponde con la de una persona cansada que ya ha vivido demasiado sufrimiento. Es como encontrarse frente a dos personas distintas al mismo tiempo, algo totalmente desconcertante. La niña en plena juventud y la mujer madura que ya lo ha vivido todo. La emocionalmente inestable y la que mantiene a raya las emociones. Una compensa a la otra en todo momento; si consiguen herirla y duele demasiado el soportarlo, la niña desea echarse a llorar hasta quedarse sin lágrimas, pero odia mostrar signios de debilidad en público y su parte adulta los oculta bajo una máscara de perfecta indiferencia. Te llegas a tragar incluso su cuento de que es tan fuerte que ya nada le afecta. Si supieran que hay tantas cicatrices bajo su piel como las que hay encima de ella, verían lo equivocados que estaban. Hay tanta fragilidad bajo esa energía y fuerza interior... todos la tenemos aunque la sepultemos o intentemos hacer que no existe. Y siempre se la atribuímos a las mujeres (aunque se diga lo contrario), así que le gusta darle con la puerta en las narices a esos prepotenes que lo dan por hecho ocultándola.Es una mujer capaz de cuidarse por sí misma sin ayuda de nadie. Sola le va mucho mejor. Lo tiene comprobado tras salir tantas veces escaldada en cuanto a relaciones afectivas.

Oh, esa es otra. El afecto. El amor, el cariño... las relaciones en todas sus vertientes, vamos. Sus traumas infantiles la han llevado a tenerle un miedo atroz a atarse a otra persona por un vínculo demasiado estrecho; cree a pies juntillas en la frase hecha "Quien te quiere bien te hará llorar" y ve la sola mención de las sencillas palabras "te quiero" como el peor de las blasfemias habidas y por haber. Un insulto, incluso. Tanto las odia que no se permitió utilizarlas ni con la pareja junto la que estuvo durante cuatro largos años, así que ya me dirás... si se hubieran dicho ese tipo de cosas ahora no les hubiera sido tan fácil separarse sin dolor alguno o el sufrimiento propio de relaciones largas. Todo se hace más fácil si te aseguras poner una barrera entre tu corazón y el resto del mundo. Las distancias deben mantenerse a toda costa, nunca dejar acercarse a nadie lo suficiente como para meterse bajo tu piel.
Y tu dirás, ¿qué hará cuando llegue la persona adecuada para ti, seguirás manteniendo esas reservas? La respuesta que te dará es simple: esa persona no llegará. Las personas que llega a querer siempre, siempre, siempre se acaban yendo. Quería a su hermana y ésta se marchó; anheló el amor de su madre y ella fue incapaz incluso de tener un mero instinto maternal que las uniera; y así seguirá pasando con el paso del tiempo, inexorablemente. Inevitablemente. Así que alejarlos es el mejor método para sentir mayores padecimientos.

Por todo esto habréis deducido que no es de las que puedas encadenar a alguien o algún lugar concreto. Ve el matrimonio como simples palabras en un papel que no sirven para nada. Las promesas se pueden hacer igual de palabra, y tienen la misma validez si las pronuncias con sinceridad; del otro modo casarse solo significa atarse a alguien, cosa que ya veis que no quiere ni por asomo. A parte, toda la parafarnalia de bodas, anillos, amor eterno... son tradicionalismos sin sentido.
Pero, ¿queréis descubrir un secreto de Ella? En el fondo, muy en el fondo, bajo sus capas de patologías y ausencia afectiva, es una soñadora enamorada a la cual le encantaría formar una familia como toda la vida. Tradicional hasta los topes, sí señor. Claro, es una mujer actual y liberal como las de hoy en día... pero mejor si su hombre perfecto se encontrara a su lado para apoyarla cuando las fuerzas le flaqueasen. El afortunado que tenga la paciencia necesaria, el tiempo y la oportunidad, la tendrá de por vida si se gana ese distante corazón suyo oculto bajo la coraza; porque en realidad esta chica es todo un acorazado bajo el cual se esconde la verdadera mujer. La mujer apasionada en todos los aspectos, la que lo da todo sin reservas.
Venga, es difícil, pero no imposible. Por intentarlo no pasa nada.

El principal problema es ese, sus problemas psicológicos. Hay que pasar por lo que ella ha pasado desde que nació para comprenderla; su paso por tratamientos psicológicos le han ahorrado lo peor, y aún le quedan las secuelas afectivas, como habéis visto.
La otra gran traba la encontraréis en esa firme postura suya cuando dice "no"; cómo podrá llegar a ser tan cabezota cuando se lo propone... se mantiene en sus trece si algo se le mete en esa cabecita suya porque es firme en sus decisiones; si algo le ha enseñado la experiencia es a tirar hacia delante sí o sí por muchas dificultades que se encuentre por delante. Y nunca pienses que se detendrá. Si quiere saber algo, lo sabrá. Si quiere descubrir tu yo verdadero, lo hará... aunque oculte el suyo tan perfectamente bien. ¿Ella, no obtener lo que quiere?, venga ya... claro que puede fallar miles, millones de veces, pero no le tiene miedo al fracaso. Es más, no le tiene miedo al propio miedo o a verse mordiendo el polvo. Las pruebas tienen sus dificultades, sin ellas el perseguir su objetivo no tendría ninguna gracia. Cuanto más muros haya frente a ella, más se anima a ir saltándolos.

Ah, lo único que nunca la abandona son sus sonrisas, siempre ahí, un adorno más en su rostro; tiene tal repertorio de ellas que verla esbozar una igual a otra se convierte en una proeza. Vale, muchas de ellas distan de ser sinceras...
Pocas palabras le bastan para expresarse. Es de las que piensan que cotorrear sin sentido es una pérdida de tiempo, y solo se debe hablar cuando te expresas con total sinceridad; esa es otra, deja claro lo que hay sin engañar a nadie, por eso espera recibir lo mismo a cambio. Las mentiras la revientan, le sientan como una puñalada por la espalda. Ah, la sinceridad no va reñida todo el tiempo con la confianza recíproca, existen ciertos límites. Te escuchará (sabe hacerlo realmente bien) y guardará tus secretos sin excepciones, pero no esperes ser tú su confidente. Si hay algo seguro en su manera de ser es la desconfianza. Tienes que ganártela.

En general tenéis frente a vosotros la complicada psique de Maxinne Rose Wallace. Fácil o difícil, fuerte o débil... sea lo que sea, ha conseguido sobrevivir a cosas muy duras. Este es el resultado tras salir de todo aquello.



Historia:

Houston, Texas, hará unos diecinueve años
Los gritos volvieron a romper la tranquilidad de aquella noche. Reverberaban contra las paredes hasta llegar a los oídos de ambas niñas en el cuarto del piso de arriba; la mayor tendría unos cinco años y la pequeña no llegaría a tres. Y aunque eran demasiado niñas para entender el motivo de la discusión intuían que habría un cambio drástico a partir de entonces. Uno que las llevaría por el camino de la amargura el resto de sus vidas.

Se concentraron en la oscuridad para escuchar, pero no se movieron de la cama. Se dedicaron a escuchar retahílas de reproches, insultos... cosas sin sentido para ellas. Se acurrucaron bajo las mantas. Estaban algo asustadas, para qué mentir. ¿Qué pasaría? Siempre habían sido espectadoras de los grandes berrinches de su madre contra su padre sin motivo alguno, de batallas encarnizadas entre ambos. Pero en aquel momento se estaban superando a sí mismos. En eso pensaba la mayor de las dos cuando se escuchó el sonido de la porcelana haciéndose añicos contra el suelo. Luego otro sonido idéntico. Y todo quedó en silencio.

Ya era hora de investigar. Dejó a su compañera sobre la cama y pisó despacito con sus pequeños pies descalzos sobre la madera, dispuesta a enterarse de lo que estaba sucediendo allí abajo. La puerta chirrió a penas al ser abierta. No había peligro. Así avanzó hasta la barandilla de las escaleras que conectaban ambos pisos y se concentró en ver algo desde las rejas de madera; vio los trocitos pertenecientes a los seguramente platos rotos bajo los pies calzados con botas que tan bien conocían. Eran los preferidos por su padre. Y enfrente los pies de uñas rosas enchancletados pertenecientes a su madre. No se movían.

La pequeña frunció el ceño. ¿Papa y mama se habían peleado tanto esa vez?
Oyó fuerte la voz paterna, sin saber que sería la última vez que la escuchase: " Por una vez estamos totalmente de acuerdo. Hasta nunca, Candice."
Los gritos se acabaron. Unos pasos fuertes y el sonido de un portazo. La tranquilidad regresó.

Houston, Texas, unos años después
Tras ese episodio no hubieron despedidas. Tampoco promesas de volver a verlas al menos una vez cada mes. Sencillamente, su padre desapareció así de escena para no volver a aparecer en sus vidas. Durante las primeras semanas las niñas dieron por supuesto que papa estaba en otro viaje de negocios a lo largo del continente, hasta que el paso del tiempo les dio con la dura realidad en las narices. Bueno, era de esperar. No hacía falta atar muchos cabos para encontrar la razón que le empujó a abandonarlas, una razón más que de sobra para justificarle y que tiene nombre y apellidos: Candice Wallace.

Solo le reprochan una cosa: haberlas dejado a su suerte bajo las garras de Candice. Esa mujer ni era madre ni nada parecido, la prueba irrefutable que el dar a luz no es suficiente derecho para ser considerada como tal. Dejaba claro cada día, a cada minuto, que aquellas mocosas solo eran "daños colaterales de su fracasado matrimonio" y que solo las había tenido porque eso era propio de las mujeres en su época, nada más. Si alguna vez tuvo al menos instinto maternal, este se esfumó junto cualquiera atisbo de amor que no fuera a parar a su propia persona. Bueno, tampoco es capaz de amar a alguien más, no solo a ellas. Vive para quererse a sí misma.

Con ella pasaron los amargos años de su infancia, para ambas tan solo una larga sucesión de hombres pasando por su casa intermitentemente; los llamaba la belleza de Candy (sí, por ser una harpía no necesariamente debes tener aspecto de tal) y su vitalidad inicial las primeras semanas, incluso los primeros meses. Luego conocían a la mujer real tras la piel de lobo. Ahí es cuando echaban a correr lo más lejos posible. ¿Quién iba a aguantar a una desequilibrada bipolar con ataques esporádicos de histeria? ¿A alguien que peca tanto de narcisismo?
Tan solo podían las pequeñas. Y por obligación. Eso les causó tales secuelas que nunca volvieron a ser las mismas infantes alegres durante el tiempo pasado con su progenitor. Es lo que tiene una madre que nunca te demuestra tu cariño ni con una simple caricia, que les recrimina todo lo malo que hacen y dicen, destacando sus peores defectos. Para esa mujer Maxinne era la inteligente pero la menos agraciada de ambas, solo válida para los estudios con su pelo demasiado lacio y esos imaginarios kilos de más; Tara, en cambio, era la más bella y por ello la más estúpida, sería una mantenida durante toda su vida. Les atribuyó esos roles solo por diversión, así es Candy.

Maxinne se negó a seguir siendo pisoteada de aquel modo. Se hizo la fuerte de las dos hermanas, su protectora. La que cuidaba de aquella pequeña Tara cada día más hundida en sus propias inseguridades, infravalorándose a sí misma hasta el punto de aceptar que era una cabeza hueca cuando servía para mucho más. Durante la adolescencia abandonó sus estudios ignorando los consejos de Maxie de no escuchar a su madre cuando decía tantas estupideces por su boca de víbora; no pudo hacer nada, así que se dedicó a sacar ella las mejores notas posibles para escapar en un futuro de aquella ciudad y aquella casa, empezar de cero como un día hizo su propio padre.

Compaginó esos importantes estudios, su trabajo a tiempo parcial como camarera en un decadente bar y su papel de niñera andante con Tara lo mejor que pudo. Cuando un tío tras otro se aprovechaba de ella por su cuerpo y al poco tiempo la dejaba tirada en la cuneta, se dedicaba a recogerla para dejar que llorara en su hombro. "Te lo dije" fue una coletilla repetida hasta la sociedad por la joven. Pero Tara no aprendía. Buscaba ese amor negado en su infancia entre las sábanas de otros que juraban amarla cuando no era cierto. El siguiente sería el acertado. Y el siguiente. Y el siguiente...
Nuestra Maxinne se convirtió en todo lo contrario. Los hombres no habían hecho más que traicionarla, igual que su primer novio a los dieciséis años; ¿cómo os quedaríais si, al volver a casa, te encuentras a ese desgraciado liándose en pleno salón con tu propia madre? Lo primero cortar por lo sano. Lo segundo, subir al cuarto con tu hermana para llorar juntas por la mierda de vida que les había tocado. De esas épocas sacó el valor y refuerzo necesarios para llevar a cabo su férrea decisión. Se marcharía en cuanto pudiera. Desaparecería.
Y así, a los dieciocho, escogió la universidad más lejana de Houston para no volver a pisar aquel lugar en la vida.

Homer, Alaska, en la actualidad
Sus años universitarios se convirtieron para ella en una estancia en el paraíso. Allí conoció al novio que más le ha durado, aquel afable ecologista vegetariano llamado Dane que le daba la estabilidad que no pudo tener nunca; acudió al terapeuta para hacer desaparecer el miedo que le daba su pasado, sus patologías psicológicas... el dolor siempre seguiría ahí, pero algo era algo.
Sabía que no era lo correcto abandonar a su hermana Tara de aquel modo. Aun así su salud mental le advertía alejarse de todo Wallace a kilómetros a la redonda... ser la que sacara las castañas del fuego a una cría que no aprendía constantemente y aguantar las humillaciones de una vieja arpía con complejo de Peter Pan acababa con cualquiera a largo plazo. Ignoraba el modo en que había sobrevivido hasta entonces.

Se graduó con honores en su carrera, Periodismo. Meses después tuvo fácil el encontrar el trabajo más perfecto que hubiera podido desear, siendo aceptada su idea de sección para una revista neoyorquina llamada "Vibraciones". Allí respondería a las dudas de sus lectores vía email bajo su propio pseudónimo sin necesidad de moverse de casa, en su portátil. Ahora se ha ganado bastante fama entre los seguidores de la revista y cobra bastante bien.

Su vida era un sueño. Claro, todo sueño tiene una duración determinada. Y el tiempo se agotó en cuanto una llamada nocturna desde Houston volteó su mundo patas arriba otra vez.

Resumiendo: ahora es tía, pero la susodicha madre se negaba a aceptar que ahora era madre, abandonando dos semanas después de tenerlo a su hijo en la casa materna. Como no, Candy llamó a Maxinne, la que lo resolvía todo. Daba por hecho que volvería para solucionar lo de aquel mocoso; no pensaba dejar que sus "amigos" vieran que era abuela, todavía era demasiado joven para eso.
Al día siguiente estaba allí con el bebe en brazos, una hermana desaparecida que le cargaba el muerto y un novio que le dejó claro que no volviese al piso que compartían si no arreglaba aquel asunto. Ese motivo acabó por romper su relación hasta hacerla añicos. Cuando más lo necesitaba la dejaba tirada... perfecto, jodidamente perfecto.
Las pistas de amigas de su hermana la llevan hasta el centro de Houston, donde dicen que el multimillonario tejano Jack Travis puede ser el padre con mucha seguridad. Y allí que se planta.

¿Qué saca en claro tras unos dos meses? Que todo aquello es una mierda.
Jack no se acostó con su hermana, así que no puede ser él. No tiene más pistas. Consigue contactar con la fugitiva para encontrarse con que tendrá a la criatura de forma indefinida hasta que decida si quiere ser madre o no. ¿Ahora qué? No tenía lugar donde volver, debía cuidar al niño...

Se marchó a un pequeño pueblecito de Alaska para alejarse de todo. Allí alquilaría algo temporal, cuidaría de Lucas (así se llamaba el niño)... quien sabe, quizás se quedara allí. Eso sí, quería volver a su antigua vida cuanto antes. ¿Qué había hecho ella para merecer aquello?
_______________________________________

Perfecto. Ahora resulta ser que Jack se convierte en su caballero de brillante armadura... para su desgracia o su fortuna, no lo sabe.
Comienza a preocuparse por Ella hasta límites insospechados. Tanto, que la sigue hasta Alaska, le paga todos sus gastos y una larga lista de favores que Ella no quiere ni por asomo porque tiene su dignidad, pero se ve obligada a tomar si quiere salir adelante.

Para colmo de males este tío le está empezando a atraer tantísimo. Convencional pero comprensivo, cariñoso. Y adora a Lucas, su sobrino, del cual ella también se ha enamorado sin quererlo. Ah, un extra: está buenísimo. Cada vez la asalta más a menudo para seducirla, convirtiéndose su relación en un tira y afloja donde Jack piensa vencer cueste lo que cueste. Para una vez que encuentra una mujer como ella que no se fija en su dinero ni solo en su físico...
No la piensa dejar escapar.

Si ahora le añades que en aquel pequeño pueblecito comienzan a pasar cosas extarñas, comprenderás que sus nervios se crispen tantísimo. Sinceramente teme por Lucas. Es tan pequeñito y vulnerable, demasiado. Maldita sea, cuánto desea largarse de allí.

Familiares:

#Candy Wallace
Por desgracia sí, es su madre. Esta mujer estaba tan desequilibrada que llevó a su padre a abandonarla y dejarla a ella y a su hermana menor a su cuidado. Craso error. Quizás tenía miedo de que al crecer sus hijas se hicieran como esa desequilibrada, o simplemente también las consideró un estorbo... quien sabe. El caso es que las dejó solas ante el peligro.
Consideró (y aun considera) a sus hijas un "fallo colateral" de su fracasado matrimonio; tuvieron que soportar su ataques histéricos, degradaciones, además de ver entrar y salir a hombres de su casa que huían en cuanto reconocían su verdadero carácter. Todo esto les creó una serie de patologías imborrables. Su hermana acabó por ser alguien tan ávido de cariño que busca en los hombres compañía para nunca quedarse sola; Maxinne, por el contrario, tomó miedo a las relaciones estrechas con el sexo opuesto.
Alguna razón extraña la llevó a decidir permanecer eternamente en la adolescencia cuando comenzaron a salirle las primeras patas de gallo; desde entonces el quirófano es y será su más fiel aliado cada vez que los achaques de la edad comienzan a pasarle factura. No olvidemos una cosa esencial: le gustan los hombres más que a un tonto un caramelo. Cree ser irresistible para cualquiera.

#Josh Wallace
Ese padre ausente que la abandonó cuando tenía cinco años y su hermana tres, olvidándolas por completo para empezar de cero. Hace poco Maxinne averiguó que se volvió a casar, tuvo tres hijos... la familia que siempre quiso y que nunca encontraría con la loca de Candy.
Aunque sueñe extraño, no le reprocha nada. Cualquiera hubiera huido de semejante situación. Lo hizo ella misma al ser adulta.
Poco sabe, más allá de que es canadiense de nacimiento y les cedió a sus hijas el color de sus azulados ojos.

#Tara Sue Wallace
La mayor perjudicada de aquella horrenda infancia fue Tara. Siempre ha sido tan vulnerable, tan confiada, que todo eso se sumó a sus inseguridades y su miedo a quedarse sola; ese temor la empuja a buscar amor entre los brazos de cualquier hombre que se le cruce por el camino, siempre esperando que el próximo sea el adecuado.
De cabellera rubio platino, con su metro setenta de altura y su perfecto rostro, nunca le cuesta buscar ese hombre perfecto porque todos la desean nada más verla. Esa será su fortuna y a la vez su maldición. Solo la buscan por su físico, no por que crean que tiene inteligencia o un gran corazón como el suyo.
Maxie se convirtió en su principal protectora. Su apoyo. Eso no cambió ni durante la adolescencia, hasta el distanciamiento entre ambas al tomar caminos tan distintos; ahora se volverán a unir abruptamente con la llegada de su hijo al mundo, al cual abandonará en los brazos de su responsable hermana mayor por arrepentirse ahora y no querer ser madre...

#Lucas Wallace
Su pequeño sobrino. Al principio una carga, ahora el ejer entorno al cual gira absolutamente todo; puede considerarlo el único hombre en su vida que tiene el privilegio de llegar a su impenetrable corazón, y eso que tan solo es un bebé con meses de vida.
Depende de Maxinne para sobrevivir. Para nada iba a dejarlo a cargo de los servicios sociales, ni soñarlo; su hermana Tara le dijo que volvería a por él cuando estuviera recuperada de su depresión, pero pasa el tiempo y no llega nadie. Ahora lo considera prácticamente su hijo.



Enfermedades:
# La única complicación médica para Max es su alergia al pelo de perros y gatos. Le da por estornudad sin parar además de conseguir que su nariz se ponga como la de un reno de Santa Claus, sin mencionar la fuerte segregación lagrimal. Por todo esto los odia. No son motivos personales, si en el fondo incluso le gustan, pero... mejor mantenerse a distancia.

Gustos:
# Ante todo, la sencillez: tanto a la hora de vestir, de decorar su casa, de organizar su vida... Sí, sin duda es una mujer práctica.
# Los colores claros, que le aporten la energía que necesita.
# La música rock y pop de los sesenta, setenta... no más adelante. También algo de disco, pero siempre clásico. Los clásicos nunca mueren.
# Para ella los dulces son más que un simple gusto, son una obsesión; la ayudan a animarse inflándose a ellos cuando se deprime, al contrario que las típicas películas americanas donde la chica toma enormes tarrinas de helado de chocolate, y disfruta como una cría al tomárselos.
# Los días lluviosos; la cadencia rápida de las gotas al caer, golpeando los cristales de las ventanas, el olor a tierra húmeda, los charcos para poder saltar sobre ellos... todo ello la tranquiliza, la hace sentir en paz consigo misma.
# Aquellos que consigan sonsacarle una sonrisa. Esto es un paso más para conseguir ganarse su casi inalcanzable confianza, pues aunque sonría mucho, la mayoría de las veces lo hace sin sentimiento alguno.

Odios:
# La principal culpable de todas sus frustraciones, de que haya ido a terapia durante la mayor parte de su vida como adulta... esa maníaca con complejo de femme fatale a la que debe llamar madre. Ese es su mayor disgusto. Por ello, ignora su existencia desde que tuvo edad para marcharse de casa.
# Los olores fuertes en exceso; para explicarnos mejor, odia cuando alguien se pasa echándose una colonia demasiado pesada, pues le revuelve el estómago. Eso le pasa también con el olor del humo y demás.
# Confiesa abiertamente lo miedica que es, y por ello, evita tanto lectura como películas relacionadas con el género del terror.
# Ser molestada cuando se encuentra a solas. Nadie tiene derecho a invadir su intimidad si no lo desea.
# Las aglomeraciones de gente... con lo poco social que es a veces. Es de sus mayores pesadillas.
# Los consejos. Odia a muerte los consejos. No darlos (si no le sería imposible llevar su columna), sino recibirlos de otros. Se considera demasiado sensata para necesitarlos.

Fobias:
# ¿Se puede tener fobia al compromiso? ¿A crear lazos demasiado profundos? En cuanto la conoces sabes que así es. Desconfía de aquellos que intentan acercarse demasiado e invaden su espacio personal por las buenas; aunque, sobre todo, tiene pavor ante la idea de una relación sentimental duradera. Su experiencia con los hombres que pasaron por su vida no fue demasiado buena que digamos...
# No puede ni ver la sangre de cerca. Nin en sueños. Si no me equivoco, el nombre técnico de este miedo irracional es la hematofobia.

Otros:
# Dormir es, principalmente, su deporte favorito. Por eso se vuelve más irritable que un oso recién salido de su invernación en cuanto le trastocan sus largas pautas de sueño o la despiertan bruscamente. Sobre todo, eso último es algo terriblemente arriesgado para quien se atreva a hacerlo.
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Re: Maxinne R. Wallace

Mensaje por Virginia A. Hadler el Sáb Jun 25, 2011 7:55 am

Ficha aceptada. Pásalo bien, ahora te doy color.



Virginia Aynabel Hadler Blue
Voy a mentirte, tanto, tanto, que no sabrás encontrar donde escondí la verdad.
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