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Benjamin Roger Crossman Eastwood {100%}

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Benjamin Roger Crossman Eastwood {100%}

Mensaje por Benjamin R. Crossman el Sáb Jun 25, 2011 8:32 am




Nombre completo: Benjamin Roger Crossman Eastwood.

Edad: 27 años.

Nacionalidad: Americano.

Grupo: Infectado.

Ocupación: Guardabosques.

Orientación sexual: Asexual. O eso dice él. En realidad, heterosexual.



Descripción Psicológica {Mínimo 7 líneas}:

—Esos gilipollas…
—¡Ben!
—¿Qué? —gruñó él.
—No se dicen palabrotas.
—Me suda la polla.
—Ben…

Oh no, ahí está. ¿Lo notas? ¿Esa sensación desagradable y esquiva en la piel? Se llama prejuicio. Y sí, estás a punto de enarmarlo contra Ben. No hay problema, adelante; considérale un patán, un hombre burdo y primitivo. Él espera que lo hagas. Todos lo hacen, ¿sabes? Todos ven en él a un tipo grande como un armatoste y bravucón como uno de esos chavales que quedan a la salida del bar para matarse a puñetazos. Y no te dirá que no lo es, porque lo es. Es impulsivo, agresivo, malhumorado, huraño. Golpeará y luego preguntará. Se te quedará mirando con indiferencia, fumándose un pitillo, mientras tú te pones histérica echándole en cara todos sus defectos. Son muchos, ¿sabes? Él se ha cansado de contarlos. Se ha cansado de intentar remediarlos. Vive con los pies en el suelo y el alma bajo tierra, corrupta, pesimista, amargada. Aunque esto ya no lo verás, por supuesto. Porque tú seguirás en tu prejuicio sobre él.


—¿Y bien? ¿Qué opinas?
—Opino que se hace tarde.
—¿Eso es todo? ¿Te cuento la historia de mi vida, y lo único que se te ocurre decir es que se hace tarde?
—Sí. Se hace tarde.

Ben aborrece la gravedad, la solemnidad y los temas trascendentales. Él cree en esta vida, la material, la que ha sido condenado a vivir desde que nació. Y por ende, esquiva todo aquello que tenga que ver con un mundo más allá del nuestro. Todo aquello grave, toda aquella conversación profunda o todo aquel intercambio cargado de emocionalidad. Si de él dependiera, se pasaría una vida entera subsistiendo a base de trivialidades. Levántate, toma el metro, compra el pan. Las trivialidades son seguras. Las trivialidades no te comprometen.

Las trivialidades le alejan de sí mismo, que es de todo menos trivial.



—Hace tiempo las cosas no eran así, ¿sabes?
—¿Y como eran?
—Eran una mierda.
—Pero también lo son ahora.
—No. Ahora son una grandísima y putrefacta mierda. Antes solo eran una mierda a secas.


Ben vive enterrado en su propia apatía y resentimiento contra la humanidad entera. Vive pensando en lo que podría haber sido y no fue. En lo que quizás (quizás) algún día habría logrado. Él tuvo sueños, como tu y como yo. Él quería ser de los buenos. Quería arreglar el mundo, pero el mundo se lo comió. Y Ben aún grita con la estúpida esperanza de que alguien oiga sus gritos y le saque de todo este desastre que ha sembrado. ¿No los oyes? No, claro que no. Porque sus gritos no se oyen. Sus gritos residen en sus miradas agrias y sus palabras punzantes. Y eso es precisamente lo que los hace más desgarradores. El silencio. El puto silencio. Está condenado a callar y contenerse, callar y contenerse. Porque sabe que el día que abra la boca, lo destrozará todo a su paso. A ti. A mí. Y sobretodo, a él mismo.



Historia {Mínimo 10 líneas}:

Ben supo que su existencia fue un error desde el momento de nacer. Fue fruto de una relación secreta, una traición que nunca debía haber sucedido. Su madre, afamada empresaria del mercado de la moda, se vio hundida en la miseria del día a la mañana cuando se hizo público que había mantenido relaciones fuera del matrimonio con un bohemio inglés que estaba de paso. Y más aún; que esa infidelidad había dado un fruto con nombre propio: Benjamin Roger.

De poco sirvió que Sarah pusiera a su hijo como segundo nombre el de su marido; el divorcio se palpaba en el aire por mucho que la mujer sollozase pidiendo una segunda oportunidad. A los pocos meses de nacer Ben, la separación se consumó. Y al escaso año que Sarah pasó yendo de hotel en hotel con su hijo, sin encontrar trabajo, sin poder rehacer su vida, se dio cuenta del tremendo error que había cometido con esa infidelidad. Se suicidó.

Fue algo rápido. Pidió en la recepción del hotel la planta más alta del rascacielos de Nueva York que tuvieran. Y una vez en ella, se arrojó al vacío sin dudarlo ni un instante. Fueron los llantos del bebé, lo que alertó a los ayudantes del hotel y les hizo descubrir la desgracia.

A partir de ese momento hay poco que contar en la vida de Ben. Todo se convirtió en un ir y venir de las casas de acogida. No estableció lazos ni con padres ni con hermanos adoptivos, puesto que disponía de poco tiempo para ello. Normalmente las mudanzas sucedían como mínimo, una vez al mes. Y eso si tenía suerte. Con el tiempo aprendió a olvidar rostros, nombres y voces. Se aisló. Consiguió que no le afectara recuperar y perder continuamente a sus familias.

Cuando cumplió los dieciocho años empezó a trabajar en pequeños chanchullos como portero de discotecas, agente de seguridad en supermercados, o vigilante nocturno de museos. Tenía poca ambición y mucho tiempo libre; tiempo que se dedicaba a gastar en bares de mala muerte donde terminaba la noche con uno o dos ojos morados. Nunca explicó por qué lo hacía. Se trataba de una simple descarga de adrenalina, un pasatiempo extraño y masoquista, una forma de sentirse vivo. Había estado tan rodeado por silencios fríos en sus casas de acogida que resultaba aliviante sentir por fin insultos a voz de grito; aunque fuera de las personas equivocadas, y en los lugares equivocados.

Probablemente, de haber seguido ese camino, en unos pocos años hubiera estado internado en prisión o bien terminado asesinado por uno de los tantos matones con quien se metía. Pero de repente apareció ella. Y la vida de Ben cobró un nuevo sentido.

Ella era mayor, bastante mayor, pero sus enormes y acuosos ojos de niña parecían indicar que dentro de su cuerpo albergaba una alma mucho más juvenil e inexperta de lo que aparentaba. Era influenciable, sensible, de carita triste y mirada cándida. Esa mirada despertó en Ben algo que él creía dormido, algo que ni siquiera sabía que existía. Sobra decir que cayó perdidamente enamorado de ella. Y apenas unos meses después de conocerla ya creyó que su vida había dado un giro por completo, que todo era luminoso, perfecto, lleno de posibilidades. Un año después de estar saliendo juntos, Ben y Jane se casaron.

Todo fue bien al principio. Todo debía haber ido bien. Ben encontró un trabajo algo más estable y Jane se quedó embarazada; iban a tener un hijo. Eran una familia, eran felices. Pero algo le empezó a suceder a Jane. Si de por sí ella era una mujer de carácter melancólico y voluble, algo empezó a perturbarla durante ese embarazo. Empezó a hablar constantemente de una relación pasada, una relación que tuvo a los quince años con un chico de su pueblo; y de la que surgió una hija que murió meses después. Ese incidente, si bien Jane creía que estaba superado, no lo estaba. Empezó a tener una fuerte depresión, y Ben apenas sabía qué debía hacer para que su esposa se sintiera mejor. Parecía estar pasando entonces, durante ese embarazo, el duelo por su hija muerta que no había pasado en su momento durante la adolescencia.

Y de repente, llegó la cumbre del problema.

Una noche en el hogar de los Crossman llegó una carta. En ella una chica joven, apenas una niña, escribía a Jane Sullivan y le pedía que, por favor, se reunieran cuanto antes fuera posible para conocerse; que su familia adoptiva la había mantenido lejos de ella durante todo ese tiempo, pero que había huído de casa y estaba dispuesta a encontrarse con ella. La remitente firmaba como Melanie Sullivan.

Aquello conmocionó tanto a Jane Sullivan que provocó que perdiera la poca cordura que le quedaba. Embarazada del octavo mes y llegando al punto final de su depresión, fue a por cerillas y gasolina y quemó la casa... con ella dentro. Lo único que llegaría a ver Ben al regresar al hogar sería esa montaña de llamas deborando el edificio, y Jane gritando en el interior. No pudo salvarla, pese a que los bomberos tuvieron que sacarle casi a rastas del interior del hogar en llamas. La vio morir quemada frente a sus ojos.

A partir de ahí el mundo de Ben quedó sumido en un profundo silencio, uno que se ha mantenido hasta hoy. Se mudó a un lugar lejano, en Alaska, donde no pudiera recordar la muerte de su esposa; se podría decir que ha llegado aquí huyendo de su pasado. Lo que no sabía era que esa niña, la hija de Jane y por ende su ahijada, perdería a su familia adoptiva y la asistente social contactaría con él para pedirle que se hiciera cargo de la pequeña, al ser lo más parecido a una familia que le queda a ella. Sobra decir que a Ben no le ha gustado la idea ni un poco. Venía aquí con intención de empezar de cero, sin tener que estar cerca de nada que le recordara a Jane... y ahora tiene que convivir bajo el mismo techo con la que es su hija y viva imagen. Parece una cruel jugada del destino.


Familiares:
·Sarah Olivia Eastman: madre, magnate arruinada. Muerta por suicidio al tirarse de lo alto de un hotel.
·Roger Charles Crossman: padre adoptivo, magnate. Muerto por cáncer hará cosa de cinco años.
·Wallace Victor Larose: padre biológico, músico. Paradero desconocido.

···

Jane Fiona Sullivan: difunta esposa, camarera y posterior ama de casa. Muerta en un incendio.
Melanie Kim Sullivan: ahijada, hija de Jane. Estudiante y camarera. Viva y residente con Ben.



Enfermedades: un leve trastorno de la personalidad antisocial; no muy marcado, suficiente para hacerle un hombre un tanto agresivo y temperamental que se mete constantemente en problemas.

Gustos:
~La soledad.
~Dar paseos de noche por el bosque.
~Salir de bares.
~Fumar, fumar, fumar.
~Pelearse. Por raro que suene.
~La música rock de los ochenta.
~Los animales. Es con los pocos seres que se muestra algo más blando.

Odios:
~Que invadan su privacidad.
~Las conversaciones profundas o íntimas.
~Mostrar sus debilidades, admitir que necesita algo o alguien.
~Las mujeres, aunque no como machista; simplemente las considera unos seres complicados.
~Pese lo anterior, también hay que destacar que repudia el daño y maltrato de cualquier tipo a las mujeres. Le enerva.
~Las multitudes, la ciudad, la tecnología (no es santo de su deboción).

Fobias: tiene bastantes pesadillas y terrores nocturnos. Ahora por ahora, son su mayor miedo. También teme por su ahijada, se preocupa por ella más de lo que aparenta. Aunque es algo que nunca admitirá.

Otros:
·Sufre pesadillas a menudo. En ellas revive constantemente el incendio que sucedió en su hogar.

·Tiene la parte posterior de la mejilla y la nuca quemadas, al igual que gran parte de la espalda. Es una herida de guerra; se lo hizo cuando intentó sacar a su mujer del incendio.

·Considera a su ahijada el fruto de todos sus problemas, y el motivo de que su mujer se suicidase. No la culpa abiertamente, sino subliminalmente; y de algún modo, así es más doloroso. Tanto para él como para ella.

·Desde la muerte de Jane no ha vuelto a sentir nada por ninguna otra mujer; ni siquiera atracción sexual. Por este motivo empieza a considerarse algo así como asexual.


Última edición por Benjamin R. Crossman el Sáb Jun 25, 2011 11:26 am, editado 3 veces
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Re: Benjamin Roger Crossman Eastwood {100%}

Mensaje por Benjamin R. Crossman el Sáb Jun 25, 2011 11:22 am

Terminada#
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Re: Benjamin Roger Crossman Eastwood {100%}

Mensaje por Joseph A. Fletcher el Sáb Jun 25, 2011 10:01 pm

Ficha aceptada.
Ahora mismo te otorgo rango y color.



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Solo me conocerás una vez. || ¿Relacionarte conmigo?, tarea difícil.
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Re: Benjamin Roger Crossman Eastwood {100%}

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